miércoles, 14 de marzo de 2012

CULTURA AFRICANA - ESCLAVIZACION

CAPÍTULO 17
PROGRAMA RADIAL "CUÉNTAME DEL 10"
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Para conversar acerca de este tema, nos fuimos hasta El Consejo, estado Aragua para hablar en la Escuela Juan Uslar con los chamos Jefferson, Génesis y Vanessa.



Entre los católicos se imponía la creencia que el mismo Dios había marcado la piel de los negros con ese color como signo de castigo. También se consideraba un castigo tener una cultura y una religión diferente a la cristiana. El agua bautismal volvería sus ánimas blancas, sus nombres serían cristianos y también su idioma, sus reuniones y celebraciones, por lo que se prohibía cualquier manifestación diferente.

Lo más peligroso de toda esta historia es el endorracismo, que quiere decir el desprecio a lo propio, el complejo o desprecio que se pueda sentir por lo que se es y el deseo de ser diferente. El endorracismo es cuando una persona mestiza valora sus rasgos o características físicas que evidencias su ascendencia blanca, pero desvaloriza aquellos rasgos que evidencian su ascendencia negra o indígena.

Los contingentes de esclavos y esclavas, eran destinados sobre todo a la agricultura y las minas, con pocas posibilidades de desplazamiento fuera de las haciendas donde vivían y trabajaban.






En los “barcos negreros”, que son los barcos donde se trasladan a los africanos y africanas, hasta América, también se llevaban productos como la canela, nuez moscada, pimienta, etc. Los africanos, al ser ingresados a las naves, eran colocados en lugares donde la salubridad, el calor y la falta de aire, confabulan con el maltrato, la ausencia de buena alimentación y la poca hidratación, factores que conllevan a la muerte de muchas de estas personas. Además, también eran víctimas de agresiones físicas y psicológicas, ya que eran separados de sus familias y obligados a convivir con personas desconocidas pertenecientes a otras etnias y que no hablaban el mismo idioma. Esta estrategia era realizada por los secuestradores europeos para evitar una posible comunicación entre los africanos y de esa manera imposibilitar intentos de sublevación.

Sin embargo, la rebeldía de los africanos en muchas ocasiones llevó a a que prefirieran morir en alta mar a tener que sufrir los vejámenes de los conquistadores europeos. Asimismo, en Africa se dieron movimientos de rebeldía y resistencia ante los secuestros ejercidos por los europeos.



Los africanos son sacados de sus tierras, llevados a lugares desconocidos, donde son maltratados, asesinados, violados y explotados y sin la posibilidad de regresar nunca más a sus hogares.

Los esclavos eran vendidos las mañanas y se les frotaba aceite en el cuerpo para que brillaran. Los posibles compradores le revisaban la dentadura para determinar la salud del esclavo, tal cual como pudiera hacerse con los caballos.

A pesar de la prohibición de muestras de manifestaciones culturales africanas penalizadas incluso con la muerte, en las noches los esclavizados ponen de manifiesto su cultura a través de la danza, las ceremonias, rituales y cantos que evocan el añorado continente africano.

La resistencia africana en suelo americano se manifestó en mantener sus tipos de comida, maneras de hablar, modos productivos, formas de entender la enfermedad y su curación, etc.


Existían algunas formas en que los esclavos podían acceder a su libertad de una forma legal. La primera vía de escape que tuvieron los esclavos al mal vivir en que los mantenía pertenecer al último escalafón de una sociedad, fue el cimarronaje, como la expresión más palpable del descontento social. Sin embargo, como este procedimiento no era legal, esto dio pie a que aquellos esclavos fugados que por desgracia eran capturados fueran sometidos a crueles castigos para que no reincidieran. 

Sin embargo, también hubo muchos esclavos que decidieron actuar amparados en las oportunidades que les brindaba la ley para conseguir su libertad. Esto requería muchos años de sacrificio y trabajo extra para aquellos que decidieron comprar su libertad o la de sus familiares, ya que para obtener el dinero y pagar el precio de su liberación debían trabajar prácticamente las 24 horas del día. También se podía ceder voluntariamente la libertad jurídica por parte del amo.



Cuando un esclavo no llegaba a la altura de siete cuartas (aproximadamente 1,80), entonces se le completaba la venta con parte de la de otro, o con algún niño cuya talla midiese justamente lo faltante para las siete cuartas. Desde el inicio de la conquista todos los esclavos africanos eran herrados animales, hasta el año 1795, cuando se prohibió la marca o “carimbo”.

Era frecuente también que los africanos fuesen depositados como prenda o garantía en mano de terceras personas, para verificar transacciones diversas. Esta práctica era realizada con frecuencia por la Iglesia Católica. Ni los papas, ni los obispos formularon denuncia ni palabra a favor de la libertad de los esclavos.

En Africa los africanos eran esclavos del demonio, en cambio que los africanos secuestrados y llevados a América debían agradecer el hecho de haber sido elegidos por dios por haber sido encontrado por los españoles quienes les mostrarían el verdadero camino de la libertad y de la salvación. 

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