viernes, 15 de agosto de 2014

Vida de Simón Rodríguez.

Cuéntame del 10 visitó la Escuela Robinsoniana José de San Martín en Caracas para que la chama Maury y el chamo Yonaiker nos hablaran de Simón Rodríguez.




Simón Narciso Rodríguez nació en Caracas el 28 de octubre de 1771. Tan sólo 12 años antes que Simón Bolívar. Por lo que esos retratos o dibujos donde pintan a Simón Bolívar niño, junto a un Simón Rodríguez anciano, no conocen la realidad de su diferencia de edad.



SIMÓN RODRÍGUEZ FUE UN NIÑO ADOPTADO

Simón Narciso de Jesús, o sea, Simón Rodríguez fue abandonado de bebesito en la puerta de una iglesia junto con una nota que decía su nombre completo y su fecha de nacimiento: 28 de octubre de 1771. Fue Rosalía Rodríguez la señora que lo crió y el Padre Alejandro Carreño quien lo acogió en su hogar.

Para el momento en que nace Simón Rodríguez, Caracas tenía aproximadamente 25.000 habitantes. Existían tan sólo tres escuelas la ciudad: la adscrita a la Universidad, la del convento de San Francisco y la escuela pública. En las tres se enseñaba lo mismo y los métodos de enseñanza eran los mismos: se enseñaba a leer y a escribir, sumar, restar, multiplicar y dividir, las cuentas relativas a compras y ventas, la regla de tres y aritmética de quebrados.

QUIEN LEÍA SIN PERMISO ERA CASTIGADO

A la universidad no podía ingresar sino una escasísima minoría que tuvieran la sangre "pura". Muchos libros estaban prohibidos por la corona española y por eso llegaban al territorio en forma de contrabando y en forma secreta. No sólo los editados en España, sino también los franceses. 

Simón Rodríguez fue admitido como ayudante del educador Guillermo Pelgrón, quien era maestro principal de primeras letras. Su tendencia era enseñar y su pobreza le exigía trabajar. Pelgrón solicita al Cabildo que se le dé la dirección de la Escuela Municipal. El Cabildo le otorga el título de maestro a la edad de 20 años. Su primera aula de clases tiene 114 alumnos, siendo la mayoría pertenecientes a las familias más pudientes de la ciudad.

En aquella época, todavía Venezuela no era una patria libre, sino que era gobernada por los españoles. Y ni decir de lo diferente que era Caracas, que sólo era una partecita de la Caracas de hoy.

A Simón Rodríguez le encantaba estudiar y estar en contacto con los libros que le permitían nuevo conocimiento. Simón Rodríguez era un niño muy preguntón y como no siempre los maestros podían responder sus preguntas, Simón se devoraba todos los libros que tuviera a su alcance. Un día, se topó con un libro que decía que la educación acabaría con los principales males de la humanidad y que para eso había que fundar muchas escuelas y sobre todo, permitir que todos los niños estudiaran en ellas sin importar si eran negros, blancos, indios o mestizos.

A SIMÓN RODRÍGUEZ LE ENCOMENDARON LA EDUCACIÓN DE SU TOCAYO

Todas estas ideas empezó a ponerlas en práctica cuando lo nombraron Maestro. Tan buena fama adquirió el Maestro Simón, que un día lo llamó el Alférez Real de Caracas, Don Feliciano Palacios Sojo y le pidió ayuda. Le confesó, que él tenía un nieto que era huérfano de padre y madre. Ese niño, era también heredero de una gran fortuna, haciendas, esclavos y una mina, y por eso necesitaba orientación y aprender algo de letras y de números. Así fue como Simón el Maestro conoció a Simón Bolívar el niño.

¡¡TREMENDO LOCO!!

Algunos años después, Simón Rodríguez propuso otra idea loca y revolucionaria... para aquélla época a nadie le pasaba por la cabeza que las niñas fueran a la escuela. Y Simón Rodríguez lo propuso. No faltó quien lo llamara loco. Pero cuando Simón Rodríguez constató que a nadie le importaba en realidad mejorar la educación, presentó su renuncia.

DE SIMÓN RODRÍGUEZ A SAMUEL ROBINSON

Meses después, Simón Rodríguez comenzó a participar en reuniones clandestinas, comprometiéndose cada vez más con esa revolución que buscaba acabar con esas diferencias y con los groseros privilegios para los blancos. Pero luego, cuando las autoridades comenzaron a perseguir a los revolucionarios, Simón Rodríguez decidió escapar del país. Cuando se embarcó y le preguntaron su nombre, Simón dijo “Samuel Robinson”, nombre que usó mientras estuvo en Estados Unidos y en Europa. En todos lados por donde iba, hacía lo que más quería en la vida, enseñar.

Samuel empezó un largo viaje por Alemania, Prusia, Polonia, Rusia, siempre aprendiendo y enseñando. Antes de eso, había viajado por Italia con su antiguo alumno Simón Bolívar. Y fue precisamente en ese viaje que Simón Bolívar se transformó en El Libertador con el famoso juramento del Monte Sacro. Pero de eso hablaremos otro día. Simón Bolívar regresó a América a cumplir su juramento y Simón Rodríguez le dijo que todavía no era su momento. El rol de Bolívar era fundar república, para que él, su discípulo, fuera luego a fundar escuelas. Se negó a llamarlo luego alumno, más bien lo llamó discípulo.

LLEGÓ LA HORA

Cuando Samuel Robinson supo que estaba naciendo en América una gran república liderada por Simón Bolívar, consideró que había llegado la hora de cumplir con el juramento que él había realizado en el Monte Sacro y decidió volver a América, esta vez con su antiguo nombre, Simón Rodríguez. Su idea era crear escuelas donde se formaran ciudadanos. No bastaba que se hubieran ganado las batallas contra los españoles, había que formar escuelas donde se diera educación a todos por igual, donde se les enseñara también a los jóvenes oficios de utilidad para que aprendieran a apreciar la libertad y no fueran esclavos ni sirvientes de los adinerados.

Luego de un gran encuentro con Simón Bolívar, éste lo nombra Director General de Educación en la recién creada Bolivia para que hiciera realidad su sueño de sembrar escuelas. Sin embargo, no tuvo éxito. El único que creía fervientemente en su proyecto era El Libertador, y sin él cerca para apoyarlo, se le cerraban las puertas. Así transcurrió el resto de su vida, luchando para crear escuelas con conceptos revolucionarios, sin la comprensión de los americanos.

ALUMBRANDO A AMÉRICA

Estando en Chile enferma seriamente. Cuando se recupera participa en algunos negocios como un aserradero  y una pequeña fábrica de velas y escribe “La libertad me es querida más que el bienestar. Voy a continuar alumbrando a la América, voy a fabricar velas”.

Simón Rodríguez muere cuando tiene 82 años de edad, dejándonos como herencia muchos libros donde plasmó sus ideas sobre la educación. 

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